miércoles, 14 de abril de 2010

Columpiándonos en la tarde, yo y mi calavera.

Yo y mi calavera .


Camino, me pierdo entre mis pensamientos que bailotean columpiándose en la tarde.

Subo un pie y una nube se aleja, lo bajo y se detiene mirándome aturdida.

-¿Hacia dónde vamos?

Eso me pregunto yo, le digo a mi coqueto espejito mágico:

-¿Adónde iremos que no me persiga tu imagen guiñándome un ojo?.


Quisiera despegarte de mi cabeza, dejarte fuera, pero la musiquita se me ha adosado,

y sin quererlo yo, las notas se acomodan en las nubes y para colmo la letra va debajo.

Sigue tarareando: -¡Así de calavera…A mis cuarenta y pocos tacos…!



Ya se que quizá no sea la versión original de la canción, el caso es que me dejaba arrastrar por la calle siguiendo los pasos cotidianos y alguien la iba cantando detrás de mí.

Sonaba como un concierto para dos, pues no había nadie más, sólo él y yo,

la verdad, no lo hacía nada mal. Adapté mi paso al suyo hasta que acabó.

En el tiempo de los aplausos me fugué del escenario.



Aunque desearía que esto fuera sólo una anécdota más, al ver que la música no se despega de mí, regresé después de varios días de probar a escuchar la radio, la tele, hasta un concierto de violín con tal de despojarme de la dichosa canción

como eco en mi interior . Luego, le he buscado en vano a él, el cantante anónimo que ahora se que no andaba al azar sino que seguía mis pasos buscando deshacerse de la canción, como ahora yo.¡He probado hasta con una copla!.

Incluso intenté darle esquinazo simulando un blues mientras bajaba la escalera.


De pronto una bombillita ha incendiado sus hilos y me he lanzado detrás

del primer transeúnte que ha pasado cantando:


-¡A mis cuarenta y pocos tacos ….Así sigo de guapo. Así de calavera!


Mimí


El Blues De Lo Que Pasa En Mi Escalera

(Joaquín Sabina)

El más capullo de mi clase (¡que elemento!)
llegó hasta el Parlamento
y, a sus cuarenta y tantos años,
un escaño
decora con su terno
azul de diputado del gobierno.
Da fe de que ha triunfado
su tripa, que ha engordado
desde el día
que un ujier le llamó su señoría
y cambió a su mujer por una arpía
de pechos operados.

Y sin dejar de ser el mismo bruto
aquel que no sabía
ni dibujar la o con un canuto.

El superclase de mi clase (¡que pardillo!)
se pudre en el banquillo
y, a sus cuarenta y cinco abriles,
matarile,
y a la cola del paro
por no haber pasado por el aro.
Vencido, calvo y tieso
se quedó en los huesos
aquel día
que pilló a su mujer en plena orgía
con el miembro del miembro (¡que ironía!)
más tonto del Congreso.

Y sin dejar de ser el mismo sabio
que, para hacer poesía,
sólo tenía que mover lo labios.

Y yo que no soy más
listo ni tonto que cualquiera,
a mis cuarenta y pocos
tacos,
ya ves tú,
igual
sigo de flaco,
igual de calavera,
igual que antes de loco
por cantar,
por cantar el blues
de lo que pasa en mi escalera.

La más maciza de mi clase (¡que cintura!)
cotiza la hermosura
y, a sus cuarenta y pico otoños,
hasta el moño
del genio del marido,
huyó con otro menos aburrido.
Tanto ha prosperado que un Jaguar ha estrenado
el mismo día
en que la divorció de la utopía
un talón con seis ceros que le había
firmado un diputado.

Y sin dejar de ser la seductora
bruja que escondía
bajo la falda una calculadora.

Y yo pobre mortal,
que no he gozado sus caderas,
a mis cuarenta y pocos
tacos,
ya ves tú,
igual
sigo de flaco,
igual de calavera,
igual que antes de loco
por cantar,
por cantar el blues
de lo que pasa en mi escalera.

Por lo demás ni más
ni menos larga que cualquiera
a mis cuarenta y pocos
tacos,
ya ves tú,
igual
sigo de flaco,
igual de calavera,
igual que antes de loco
por cantar,
por cantar el blues
de lo que pasa en mi escalera,
por cantar el twist
de las verdades verdaderas.

Por cantar... el bolero que canta mi portera.
Por cantar... una rumba gitana y canastera.
Por cantar... aquel tango el día que me quieras.
Por cantar... loco por incordiar a los horteras.
Por bailar... bajo la lluvia sobre las aceras.
Por cantar... vallenatos que amansen a las fieras.
Por cantar... hasta que salga el sol por Antequera.
Por cantar... con mi primo Rosendo a su manera
de vivir..... siempre con gente, siempre solateras.
Por cantar... el rock and roll de las gasolineras.
Por cantar... un merengue pegado a una palmera.
Por cantar... camino de la Habana una habanera.
Por cantar... un mambo con smoking y chistera.
Por tocar.... esa guitarra carabanchelera.
Por cantar... hoy en Pekín, mañana en Talavera.
Por cantar... el bugui-bugui de las carreteras.
Por cantar... allá en el rancho grande una ranchera.
Por cantar... como si el almanaque no existiera.
Por seguir... dando el cante hasta el día que me muera.
Por cantar... un calipso contra la ley Corcuera.
Por cantar... si pones otra ronda, tabernera.
Por cantar... en la calle, en el curro, en la bañera.
Por cantar... menos un bakalao lo que quieras.
Por silbar... al paso de una guapa peluquera.
etcétera.





Se lo dedico a aquellos que cumplen siempre los mismos años.

2 comentarios:

Natàlia Senmartí Tarragó dijo...

Por cantar que no quede, calavera a tus cuarenta tacos, así pimpolloso contra el sistema, que no quede, pero yo, Mimí, me quedo en la nube tuya, flotando sin decidirme cual es más jilipollas, si el triunfador contra el sistema o el sistema del triunfador, no sé.
Últimamente, dudo demasiado.

Mimí dijo...

Está bien cuestionarse.
¿Por qué las letras se nos pegan?
Con respecto a la canción, no soy fan auqneu me resulta divertido a veces.
Abrazo

Mudanza a la estación de Atocha, hoy

Mudanza a Estación de Atocha Hoy Yo  y mi nuevo gato, el invisible, nos mudamos a Atocha en busca de trajín,  de la popula...