martes, 10 de mayo de 2011

E l ú l t i m o ... s e g u n d o





Un compás mecánico rompe el silencio, se arrastra el segundero hasta alcanzar las doce, entonces un sonido agudo vibra en los tímpanos que incautos se petrifican. Todos los presentes se detienen en medio de gestos de lo más variopintos. Sólo él contínua hablando de éste y aquel, como si nada, sus ojos oscuros se pasean complacidos entre las ahora estatuas de cera. Aún se oye parte de una carcajada rasgando el telón del tiempo.

Yo sin saber por qué, puedo verlo, no soy parte de este trance sino observador de la escena hasta que él me mira diciéndome que sabe que yo sé que estoy despierto, que le oigo y le veo.

Se eriza cada pelo de mi cuerpo irguiéndose cual ola de marea hacia la nuca. A su voz, mis pies se aproximan hacia él como marioneta modulada por el timbre de suaves palabras, como si miles de hilos marcaran el ritmo de mis movimientos armónicos perfectos a través de los durmientes... Suenan golpes secos en perfecta monotonía, y si, son mis pasos, de los que he perdido la voluntad pasando de espectador a títere en un tañido de ojos.

Un chasquido más de la aguja del reloj y ... no quedará ningún testigo.



Poemas en rosa

Acabo de descubrir que leer poemas puede ser más un acto de lúdico cotilleo que un acto de inmersión literaria. Se cae en la literatur...