martes, 17 de abril de 2018

Extravagancias


Pasaban cosas extrañas, como el vuelo de los pájaros sin atisbo de su capitana. Erráticos vagaban por un cielo bochornoso, sembrado de nubes con cenizas, cada uno buscando su sitio en un concierto desconcertante de subidas y bajadas. Al poco empezaron a caer a tierra exhaustos, agotados, sin haber sido capaces de comenzar la migración. Algunos llegaron al suelo muertos, fulminados en su extravagancia. Y Ada comenzó a recogerlos uno a uno, metiéndolos en la cuna de su muñeca.


Texto Ana Ruibarbo
Imagen: Manuel Jesús Pineda

viernes, 13 de abril de 2018

Violetas

"Mientras  camino 
por esta senda de montaña 
las violetas me atraen hacia ellas”

Las nubes plomizas me persiguen hasta que llego a lo alto del cerro, detrás está la casa de mis sueños. Lo sé pero no logro verla, una masa espesa híbrida entre nube y niebla confunde la vista. Elis, mi perro lanza dos ladridos mortecinos, diríase que tiene más miedo que vergüenza, y desaparece ladera abajo confundiéndose con el nubarrón que nos persigue. Me sorprende pues no titubea al  elegir la lluvia que seguro le espera de vuelta a casa; a Elis nunca le ha gustado el agua, ni siquiera durante el verano.  
¡Violetas y niebla! Mientras camino pienso en el colorido tan intenso que tienen, la fuerza expresiva de sus macizos se extiende a medida que avanzo. Es tarde para dar la vuelta, siento la descarga a mi espalda, se escancia liviana mostrando cortinas, desdibuja el periplo del sol por momentos más anodino. Llega un punto en que desaparece la senda, el suelo es una sábana; como un sudario de flores tejido por la niebla. Me entra un escalofrío, ¡Son solo pensamientos lúgubres de días de lluvia!  Sin embargo quizá mi cuerpo no se equivoque, no veo la casa,  debería estar aquí.
 -¡Por fin vienes a verme! - su voz me salpica igual que un eco muy lejano, me giro, la biblioteca es por completo de madera, el respaldo sobresale por detrás de su cabeza. Me suena, me suena, aunque no puedo recordar de qué la conozco, igual ni siquiera la conozco. La niebla ha desaparecido, hay fuego en el otro extremo de la sala, busco desesperadamente el contacto del calor ¡Frío! Solo siento frío al acercarme a la chimenea -su voz repta hasta mi oído-:¡Cuanto me alegra que por fin estés aquí!-.
  Me giro, no sé qué decir, intento pensar más, más rápido pero solo acierto a mirar tras ella, la ventana deja entrever la impresionante luna llena. Entonces solo titubeo : -¿Cuándo... Cuándo se hizo de noche? 
Sonríe complacida : - Aquí siempre es de noche, querida.
Ahora me doy cuenta: los macizos de violetas son el mausoleo, tapaderas de las lápidas que a estas horas despiertan hambrientas.


miércoles, 11 de abril de 2018

Hermosa soledad

 Así es vivir en sociedad: subir al metro y compartir un viaje de una hora atravesando la urbe sin apenas levantar la vista de tus libros, de tus manos, de los zapatos, del suelo  por temor a  … porque a  veces resulta triste encontrarse los rostros demacrados por el agotamiento tras una pesada jornada de trabajo, prefieres mirar y no mirar. Su tristeza te cala los huesos; las bolsas bajo los ojos,  perdidos, vagabundos  en el vagón. Prefieres posarte solo un segundo sobre las canas mal cubiertas de la mujer que con los pies engancha un bolsón, y en un esfuerzo sostiene el monedero bajo la barbilla intentando no sucumbir al sueño.  Mirar y no mirar … Su gesto cuestionándose qué le hace falta para la compra, ¿Se habrán levantado sus niños? ¿Se les habrá olvidado que  el microondas calienta la leche con solo un minuto? ¡Solo un minuto! Si no se quemarán… Al poco su cabeza zigzaguea cuando nos detenemos en un frenazo, sabes por el movimiento de sus ojos  que acaba de detener sus pensamientos, tú miras de reojo en qué estación estás, ella lleva dentro un reloj; el de la cotidianidad, y solo parpadea una vez más, detiene la vista en su bolso y alarga la mano revolviendo en él, saca un libro amarillento, de los de vieja edición, de esos que cuando envejecen huelen a  vainilla, y levantas la vista un segundo más, sientes como tu gesto contenido se transforma en una sonrisa, entonces pierdes algo de miedo a invadir su intimidad, pero inmediatamente te contienes. Afortunadamente ella sigue ausente, en esa parcela metafórica que supone su cuerpo físico, sus posesiones y la exigua proyección de su mirada, se enfoca en el libro, se vuelca en él. Y a tí te gustaría saber qué lee, pero ya no tiene pastas, y te preguntas de dónde lo habrá sacado, ni siquiera parece empezar en la página uno, ha tenido que inventarse el principio, y te sientes complacida como si hubieras hecho una amiga: lo mismo que hace ella con su libro lo haces tú con la escritura: solo tienes un gesto, un lenguaje no formal y con él echas a andar sobre la página hasta desentrañar a tu personaje, ella vive en soledad, en una hermosa soledad, habita entre las palabras que … podrías haber escrito tú.


Hermosa soledad

Autor de la imagen: Manuel Jesús Pineda



martes, 10 de abril de 2018

Rêves en vert Sueños en Verde Dreams

No quiero llenar folios con pensamientos en blanco,                    
ni tejer esta red con hilos de vacío.
Me gustaría escarbar en cada peldaño                                   
 de tus deseos y esculpir una voz que alentara tu vuelo.
Soy 
       y 
         seré incondicional de tus sueños.

           
                                                                                                        
                      




Je ne veux pas remplir des pages avec des pensées en blancni ...

viernes, 30 de marzo de 2018

La ilusión de la nieve


1  ¡Tenía tantas cosas qué hacer! No se por qué habíamos quedado en un lugar tan apartado. Llegué el día anterior con un sol expléndido, la carretera limpia, el aire se palpaba fresco y puro, quizás se apreciara el olor a hierba frondosa, la que estaban recortando las vacas mientras pastaban afanándose. Me pareció fantástico, estaba contenta, o más, exultante. Además llevaba esperando aquella cita sin saberlo toda la vida. El encuentro se fijó para al día siguiente, y después de un buen yantar de "pedorreras", como decía el camarero del pequeño restaurante, me iría.
A eso de las 11 abrieron la feria. Recuerdo mi asombro cuando la inaguración se estrenó con tambores y gaitas: una banda de músicos locales con ecos celtas, y porrones con orujo, pastas artesanas con arreglos de miel de romero y almendras. ¿Quién tenia estómago para tal barbaridad? Veía correr el orujo y me parecía imposible que se lo pudieran beber a palo seco. Pocos más que los locales se atrevieron dos rondas. A las 11, 30 el viento comenzó a arreciar, la temperatura bajaba por momentos. Alguien de la carpa dio la voz de que anunciaban la primera nevada de la temporada. Pensé que si nevaba mejor, podríamos deslizarnos. Aunque luego me empecé a preguntar si mi cita aparecería. Si habría llegado ya. No tenía a mano el teléfono del hotel, aunque solo estaba a 5 minutos. Disponíamos de una buena calefacción y los puestos llenos de repostería, cerámicas, guisos locales, caldos tremendamente picantes, trabajos de herrería, forja, cuero... y legumbres de toda la provincia. Era él quien elegió el lugar: un hombre acostumbrado a perderse por estos pagos y otros de más altura. Lei en alguna de sus entrevistas que "No había nada como subir a la montaña para recuperar las perspectivas", pues eso le había ayudado enormemente a escribir. En aquel momento desconecté del lugar y volví a la madriguera de Alicia, en mis sueños yo hablaba a menudo con él, sus adaptaciones teatrales de piezas ajenas a las que sumaba acciones de la vorágine del mundo no pasaban desapercibidas.
..
Continuará mañana
Texto Ana Ruibarbo

Extravagancias

Pasaban cosas extrañas, como el vuelo de los pájaros sin atisbo de su capitana. Erráticos vagaban por un cielo bochornoso, sembrado de nu...