miércoles, 31 de marzo de 2010

La Respuesta ... Mutaciones físicas ... Meninas ... Mimí ...


Quería ... ¿ligar? se acercó con pasos decididos y como quien aprecia un pastel pegó sus ojos golosos  regodeándolos  en cada esquina y reflejo de esta Menina, en cada ángulo agudo y complejo de su apariencia.
Por fin, después de desprender una gota virtual de su boca  empalagosa dijo algo:

    ¡Niña, se me deshacen los huesos por esa cintura de avispa!  Y como soy marinero proponerte puedo darte un viaje desde la España hasta el Portugal de donde me traen las velas.

Yo miré  a los lados, observé  detrás, hasta en el espejo miré, y descubrí el corsé de mis entretelas que aprisionabame hasta el aliento. Y con la voz más cándida que imaginar pude, saltando la nada desdeñable fecha a tener en cuenta de la data de mi piel (1656) tapé las telarañas del tiempo  y adaptándome a su acento le repuse entre  los tímidos repuntes de la claridad  al otro lado de la ventana:

   Las noches de luna llena mi cintura se trasforma en un esqueleto de gran envergadura y los bramidos de  la muda se escuchan a kms, sea tierra, mar o aire.
   ¿No temes mortal, caer bajo las garras de tu inconsciencia? 


¡Valgame Dios!, se le herizaron los pelos desde un dedo hasta la punta del otro, y como no podía ser menos, subieron en camilla hasta la coronilla.



Del soponcio que le dio, al susodicho pretendiente, no volvió a versele en este reino, ni en los aledaños, ni en los espejos, ni en los cuadros quedaron restos del triturador de huesos.

.



La autora de la versión más colorista de las Meninas se llama Carmen  Pérez Casanova
El texto de la menda lerenda

martes, 30 de marzo de 2010

Contacto. Anuncios de Contactos. Con tacto.

Contacto. Anuncios de Contactos. Con tacto.

Entre la sección de contactos le encontré, me dijo que le gustaba Manuel Vicent.
bip bip
Surgieron bocadillos de palabras
bip bip
...
deflacción, pronóstico, optimismo, retrotraer, posguerra , C R I S I S... (y me vi de nuevo con el hatillo en la tripa de mi madre) intentando resucitar  con el olor de un bocadillo de sardinas.
...
bip, bip
 
¡Qué extraño contacto!
 
Yo sólo quería pasar un buen rato. Tiré de un enlace como la cadena del baño, ponía:
 
-Ven a ver mi blog

Y extendiendo la mano  de la espiritosa espiral de mi galaxia, sonámbula. Me sumergí en el harén de sus letras asomando mis dedos sobre la asombrosa e insinuante cadena del Watter Closssss...


Dichoso él que podía hablar constantemente sin parar, sin tomar aire, sin inspirar ni exhalar. Me pregunté si buscaba impresionantes impresiones o deseaba provocarlas al conseguir que alucinaran por hipoxia los incautos consumidores de sus letras saturadas sin un segundo de distancia. Si, seguro, Si. Así, emborrachada en suspiros anhelados de puntos separados escribí al autor del relato diseccionado: ¡Por favor!, mátame con la distancia, con la suave indolencia de dos espacios, de cinco segundos inhalados. No me mates con este tomate, que me voy a poner morada y desearía morir como he vivido, sin asomo de petulancia, sin colores estridentes, en un silencio silente de saturadas distancias marcando sencillas eses entre la vida y la muerte.
Gracias.
 
Hipoxia: Carencia de oxígeno, sube el nivel de CO2. Conlleva estar atontonado y decir bobadas. Te pones morad@ o azulad@.
Petulancia: Ostentación,arrogancia, afectación.

domingo, 7 de marzo de 2010

Cuento de Navidad


Cuento de Navidad

La luz se cuela entre bastidores,  dedos inquietos indagan en la tapa del contenedor.
Un maullido araña el plástico duro de la noche.
¡El camión de la basura! Son las cinco y este nuestra alarma despertadora.
En una hora escasa el caminar de los zapatos heridos aún por la madrugada se lanzará en picado a la boca del metro.
La culebra se gira nerviosa  en la botella, la acaricio y se calma. Las llamas naranjas se adentran en la cueva entre el olor a basura y a cartones húmedos tapados con plástico, me estiro las medias, primero abajo y luego arriba. Después me repongo los guantes, aún así continúo teniendo frío. Busco el cuerpo de Fermín entre los abrigos y me aferro. No le oigo roncar, me levanto a gatas, alarmada, y tiro de sus ropas, no se altera. ¿Tanto ha bebido?
Dos golpes escuetos y el cajón vuelve a su sitio vacío, el ronroneo de la luz naranja se aleja, me deja a oscuras con la soledad. Fermín se ha ido, no necesito tomarle el pulso, la funesta certeza  se convierte en un silencio impenetrable y por más que escudriño no veo nada, la ciudad se ha quedado en silencio, demasiado silencio.
La serpiente sale de la botella, desencaja su mandíbula y me dice
¡Bebe!
Las cucarachas suben por las alcantarillas y cuando llegan a mi me incitan:
¡Bebe! ¡Bebe! ¡Bebe!
Las culebrillas se apoderan de mis manos temblorosas, y me agito, intento quitarlas. Fermín se ha ido, no es momento para que vuelvan, las chillo para espantarlas pero me muerden, me muerden, me muerden. Clavan sus agujas en la piel y me inoculan la sed.

El ruido es inaguantable, y aún así destaca la sirena
-¡Fermín, levanta! Hay que hacer el petate, que ya vienen los pesados.
-¡Feliz Navidad!-, se oye.
-¡Mierda! ¡Me lo he hecho encima!  ¡Fermín! Vamos, que ya sabes lo que ocurre si nos pillan.
Las punteras asaltan el hall de nuestro itinerante hogar.
-¡Buenas! La linterna me ciega
-¡Fermíiiin! Tiro de su abrigo mientras permanezco inclinada, no responde, de pronto una sensación vaga se vuelve patente. Un mordisco de hielo me sube hasta la garganta.
El agente lo enfoca, las pupilas vidriosas, la mirada perdida, la boca desencajada.

Las luces naranjas regresaron, yo quería ir con él, pero no me lo permitieron. Se alejaron aullando y nuestro techo cayó desmantelado. He preguntado si puedo verle, el agente me mira, todos llevan guantes y mascarillas.
Estoy despierta, los laberintos de la memoria juegan. No sé qué día, uno como hoy, llegaron también los azules y se sentaron en el salón, yo también me senté.
Hablaron de los cristales rotos, la carretera, y no lo volví a ver.
Por primera vez en mi vida me acerqué al mueble bar y volqué la botella sin mirar, sin hielo, sin coca-cola. Me abrasó pero no dolía tanto como la noticia que me acababan de dar.
Y ya no lo dejé, no ha vuelto a ser Navidad.


Me han bañado en una sala blanca de baldosas grandes y suelo rugoso, les he voceado que yo no lo necesito. Las culebrillas corrían por el agua, he pasado mucho miedo, luego me han cortado el pelo sujetándome la cabeza. No sé que me dieron, estoy aturdida, alelada. No me han dejado ninguna botella.
Cabeceo sobre la silla y despierto. Ahí está el, el pelo rizado y la tez morena, los ojos brillantes como el azabache,  igual que Javier cuando se fue, acababa de cumplir los treinta. Tamborilea los dedos sobre la mesa mientras mira una pantalla.
Sonríe y se me parte el alma.
Grito con todas las fuerzas: - ¡Sáquenme de aquí!
La luz me ataca proyectándose sobre mis ojos, con la mano consigo sombra sobre mi frente. ¡Mejor! ¡Si pudiera bajar también el volumen de los ruídos!
El me mira impasible y habla muy despacio, con mucha calma, dos mozos de pijama blanco se han colocado detrás de mí.
-Necesitamos que nos hable de Fermín.
-¿Fermín? -. digiero. ¡Ah, Fermín!
Me siento, el joven  asiente y escucha.
-Lo conocí en la calle.
-¿Sabe su apellido?
-¿Fernández? ¿Suárez?-. Mi cabeza se volvió espesa, no quería recordar y poco a poco lo relegué  todo, las caras de mis amigos ..., pero no pude olvidar quién era Javier, y en cada muchacho, en cada coche encontraba un Javier que me miraba con ojos de niño, que se iba a matar, y yo me tiraba sobre el capó para salvarlo día tras día, anochecer tras anochecer.
-¡Javier!
-¿Perdón?  Se ha acercado para oírme, la voz sale con dificultad.
-No, nada
-¿Quién es Javier?
-Era-. Han pasado ocho años
El joven se acomoda y junta las manos.
-Le diré lo que haremos, la curaremos, se pondrá bien.
No puedo evitarlo; me río, me río con todas las ganas, y al final mi risa estruendosa se rompe de pena.
-¿Para qué?

-¿Para qué?  Se lo digo mientras me levanto con poses de reina, y le dejo allí, me acompañan los enfermeros.

Al alcanzar la puerta  me giro y le sacudo con un:
-No vuelva a decirme ¡Feliz Navidad!

La mujer de Van Gogh

No se cortò un pelo, sin prejuicios le importaba un pimiento que pensaran "que eso no tenía nada de académico". Tomó el pin...