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jueves, 18 de mayo de 2017

Caminus Stelae. La diosa




Sonrió para él, iba a hombros de una grupo de guerreros embravecidos por la victoria. El júbilo por sus azañas se extendía por Augusta Emérita. Habían comenzado el paseillo sobre hermosos caballos árabes traídos de la Bética. Una corona de laurel resplandecía sobre su frente. Cuando atravesaron la plaza los mercaderes instaban a sus esclavos a recoger los puestos; !El emperador salía a recibirlos! Les esperaba en el Decumanus, el punto medio norte -sur de la nueva civitas. La ciudad entera seguía el estandarte en un griterío mareante . Pasaron la basílica, algunos magistrados habían salido al oír el anuncio de los vigías. A pocos metros la vio ... como una diosa, en realidad era una diosa, pero él no lo sabia. Sus ojos castaños se enredaban en su sonrisa, los pliegues de su fina túnica jugaban cincelados por la curvatura de sus senos. El cuerpo le restalló, deseaba que la joven le mirará solo a él, y sin darse cuenta elevó la frente, sacó pecho y tiró de las bridas con energía. El animal levantó sus patas en el aire gimiendo con intensidad. Se agarró a las crines y consiguió mantenerse sobre el caballo pegándose a su lomo. Un segundo después estaban ante el templo de Isis. Reconoció el pecho al instante, los pliegues de la túnica se recreaban con intensidad, dos cíngulos marcaban la guitarra de su vientre. Sintió la tentación de tocarla. Descendió del caballo , se aproximó, y al inclinar la cabeza en el suelo se descubrió alargando la mano para tocar su pie helado.


Los dioses solo son réplicas de humanos

Ana Ruibarbo- Rico: imagen y texto.

sábado, 13 de mayo de 2017

Toledo en mi retina

Ayer vi un pájaro enredado en el alféizar de una ventana. Estaba rodeado de barrotes que le impedían salir y a los de afuera entrar. Él llamaba y yo le repliqué. Eran casi las doce y el sol nos alentaba con su candor. Toledo descendía desde los vestigios de su fortaleza, expandiéndose. Su esplendor se había reinventado al conservar la historia; podías comprobarlo al picar puerta por puerta. Y era una ciudad hermosa. Sin embargo no me cupo duda de que entre las rejas se guardaban secretos y creencias a las que nunca tocaría la luz. Y me pregunté de qué lado del enrejado estaba yo.





Imagen: David Gray 1970
Texto Ana Rico - Ruibarbo.

miércoles, 12 de abril de 2017

Prohibido - Caminus stelae

Le sentia en la boca con el sabor de las batallas perdidas, se le trababan las palabras al contacto de la lengua. Y nada Nada atravesó la muralla de sus labios silentes, sin embargo, cuando asomò la noche , y abrióse la cancela de los sueños mandó a buscarlo. En los meandros de sus oídos lanzó un mensaje de lava: Estás prohibido y nunca estuve tan segura de lo que quiero.


Caminos stelae
Prohibido

domingo, 16 de mayo de 2010

La noche en que nos encontramos parecía una de romanos

 
3/07/2008

Camino por calles estrechas, de piedra, tu llevas un paño blanco sobre tu cabeza y esa toga que llega hasta las sandalias. Caminas ligero, sólo acierto a ver la suela cuando subimos unos peldaños, entramos en una estancia para lo cual hace falta bajar la cabeza. Las puertas son muy pequeñas para nuestra estatura. Es posible que tú tampoco pertenezcas a este tiempo.
Continuamos  con la luz de una lámpara que apenas ilumina unos pasos por delante de ti. Te sigo como una autómata, de pronto me pregunto por qué te sigo, pero mi curiosidad puede más. Si algo malo me puede pasar ya estoy metida en este laberinto, no hay vuelta atrás. Si la hay no la contemplo, decido que ya decidiré cuando vea a dónde vamos, cuando haya contemplado aquello que quieres mostrarme.
  Un cosquilleo me recorre los brazos, pasamos por una estancia en que los platos están sobre la mesa, las viandas servidas, el vino llega a mi olfato incluso antes de verlo, es una mezcla de frambuesas y madera, incluso parece que lo estoy degustando.
Recuerdo que no cené, ¡con tantas ansias por verte! me acosté con la música suave y la luz de una vela esperando al dormir del otro lado encontrarte.
Las paredes están completamente decoradas, jarrones con flores, un gato sentado  mirándome. Yo diría que la pared es de estuco de un tono rosado, pero mi acompañante no cede a mi interés y hace un gesto con la mano, me impela a continuar. ¡Adiós asado! ¡Adiós Vino!

Descendemos a través de un patio interior, damos vueltas en una escalera que recorre los lados de un cuadrado bastante grande; de cada lado sale una estancia, desciende  la luz  a través del patio.

En uno de los cuartos encuentro una mesa muy grande,  una lámpara encendida en una esquina, y las estanterías de pergaminos con sellos aún lacrados. El olor de las  especias inunda la habitación, los recipientes de cerámica con nombres convenientemente colocados me recuerdan a las vasijas que se utilizaban para llevar aceite en la época de los romanos, sólo que éstas son chiquititas. En el centro de la mesa se encuentra un gran libro, tus manos se muestran saliendo de la manga de la túnica y apuntando al libro. La luz es escasa, trago saliva, intento que mis ojos se adapten rápido a la habitación para distinguir las palabras, agarro las tapas curtidas y descubro una página llena de filigranas, miniaturas con dibujos de flores, en unas grafías extrañas, leo…

Y la luz de la lámpara se apaga, durante un segundo escucho tu respiración a mi lado, cercana, siento que estás mirando mis ojos, y no hay luz, luego … todo se apaga …
 
Suena el despertador y maldigo la hora en que desperté sin llegar a comprender qué pasa, porqué todas las noches me hablas, viajamos, y no consigo entender quién eres, qué quieres, a dónde vamos.

Acabo de darme cuenta que en este libro pueda estar la clave, me voy a trabajar y mientras camino deseo con una sonrisa en los labios que vuelva de nuevo la noche.

 

¡Qué bochorno!

Un día desaparecermos en una nube de vapor y descubriremos que vivomos sobre una pasta que nada en el té.