El viento, y esto es muy raro, se convierte en un ancla, araña la costra de lava, desentraña las oscuras mentiras mientras las pieles se curten y las ardillas se esconden o las musarañas penetran la carcasa de escoria.
El viento acompaña los cuerpos, los recorre y procura moldearlos con regocijo. Está acostumbrado a que todos se resistan, no le importa, pues tiene un ojo para las caricias y otro para ventiscas.
entre refugios efímeros.
30 ma |
Mis relatos son los ecos del entorno donde habito, residuos de la memoria que coloreo al antojo de este instante llamado mañana, ahora, ayer fundidos con tu respiración al leerlos.
lunes, 10 de abril de 2017
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