martes, 15 de agosto de 2017

La autora material de los hechos confiesa ...





Le dolían las palabras como alguien que se auto invita a cenar y no te agrada. Le dolían como si tuviera  escrúpulos hacia ellas y un viento súbito se las sacara a presión desde la boca del estómago. Le dolían y punto.  
                                 Aunque  nunca hubiera un final, ni un término medio,  un ocaso o un deceso ... a no ser que ... fuera su deceso. Sólo dejaba de soltarlas como lastre,  un lastre inevitable para poder seguir a flote,  navegar ¿A dónde? Ni siquiera sabia a dónde. Ellas eran las auténticas propulsoras de aquel periplo sin tierra a la vista,  sin sol de poniente, sin márgenes ni aceras donde descansar.



A.R  La autora material de los hechos confiesa ...

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