jueves, 3 de agosto de 2017

La humanidad de la tecnología la pones tú

Somos amigas desde hace más de siete años pero nunca nos hemos visto en persona, bueno, yo he visto algunas fotos suyas, sin embargo hasta ahora no había puesto ninguna mía. Y aún así éramos amigas porque hablábamos con el corazón, desde el corazón, sin corazas. No había pretensiones de cautivar a nadie, no sabía qué clase social o que posición pública podría tener ni me interesaba. Solo quería leer más, dejarme embeber en esos textos maravillosos, tanto me daba si eran mera literatura o gran parte de su vivencia real. Nada hay literal en la vida y todo en parte es verdad cuando escribimos aunque sea ficción. Disfrutaba enormemente y disfruto, por eso decidí emprender este viaje. Este es un gran paso, voy a conocer a alguien en otras dimensiones, más allá de la foto de perfil. Voy a saber a qué huele, cuánto mide, si frunce el ceño cuando se enfada, si su escritura es deseo o reverberación. A veces me asusta pensar que podríamos discutir porque venimos de culturas muy distintas, incluso un sustrato de creencias casi antagónico pero también puede ser interesante ver cómo cada sustrato condiciona lo que podemos ver o cómo asimilamos los mismos hechos. Al menos eso espero, son pocos días para este viaje pero es un nuevo comienzo. Resulta más sencillo si la otra persona es mujer y hetero, lo confieso, con un hombre me pensaría mucho más irme a su casa. Aún así no deja de darme un poco de respeto, aunque la expectativa de ver lugares nuevos, gente distinta, y descubrir la idiosincrasia de otra isla apaga todas las disonancias de mi cerebro. Estoy segura de que lo disfrutaré.

La humanidad de la tecnología la pones tú

Ana Ruibarbo

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