domingo, 16 de julio de 2017

Y entramos en el Nautilus ...


El agua chapoteaba contra el casco. 

El mar era esa mansa inmensa azul verdosa que lamía los bordes de metal. 







Al cerrar la trampilla sentí un peso bajando por mi tráquea, sin duda sería una aventura fascinante pero algo dentro de mi cuerpo entendía el peligro que corríamos. 



Y entramos en el Nautilus

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¡Qué bochorno!

Un día desaparecermos en una nube de vapor y descubriremos que vivomos sobre una pasta que nada en el té.