martes, 18 de octubre de 2016

Irene



Todo había  ido bien,  quedé  con Irene a eso de las diez.
-Un poco temprano para ser fin de semana- me dijo por teléfono. 
 Y yo le aseguré que si supiera mi sorpresa estaría intentando adelantarlo a las siete,  oí  un chillido -risa expandiéndose por su salón.
  -Allí  estaré,  me contestó acelerada. Y colgó. 
 Así es  Irene: un ser visceral y enigmático. Soy su mejor amiga y aún  no he conocido a su nuevo novio ¡¡¡ después  de tres meses!!! Durante semanas preparé minuciosamente nuestros pasos para este día: el de su cumpleaños,  lo primero desayunamos en una cafetería con sus mesas redondas de antaño,  las fundas de terciopelo hasta el suelo, encima la mantelerìa blanca ,  y el servicio de café de porcelana fina. Irene piensa que eso es lo más!!!!  desde que en Irlanda descubrió  este tipo de casas- teterÌas. En realidad Irene no sabe nada de la vida,  debería  haber conocido a mi abuela y las casas de antes,  pero apenas hoy cumplió  18. ¡No se le pueden pedir peras al olmo!
 Perdonad si me disperso un poco pero aun no me lo puedo  creer ,  estoy  viviendo en dos  planos a la vez ...
Irene siempre ha sido muy celosa de su intimidad  y aunque somos excelentes amigas,  quizá  por nuestra diferencia de edad a veces cuando entra en períodos de mutismo no puedo más  y me enfado:.
-No puedes ir así por la vida.
-Así  Cómo - me mira con desinterés.
-Así,  así! Imagina que mañana tienes un trabajo. No puedes obviar a tu jefe solo por que entres en fase de silencio. Si, es un eufemismo,  se lo digo con cariño para que  despierte.  Y a veces,  al cabo de unos minutos desencaja su mandíbula  y sale corriendo  hacia mi con esa risa rompedora,  me persigue y hace cosquillas  hasta que consigue que  me relaje.  Hoy ha sucedido algo así ...
¡Perdonad un momento! Habéis  oído el timbre? No? No sé,  yo juraría  que. .. claro, pero eso no puede ser. Disculpad que se me hace tarde. Continuaré  mañana. 
 La imagen no es por azar. Me entenderéis. 

Ana Ruibarbo

lunes, 14 de julio de 2014

With Socrate's death, reason's martyrdom came about: It ended its existence because life refused to reduce itself only to her. (María Zambrano says something along these lines.)
Seneca the attorney's stoicism pervents him from believing in reason. He doesn't want to be a philosopher, he just is as a response to the violence of circumstances, his relativism turns him into the first modern intellectual. And Unamuno becomes immersed in his paternal figure when San Manuel Bueno, martyr, takes pity on the man-child, flock of the desolate.
"Death doesn't come suddenly, but, rather, we call death that which is the last to seize us." Seneca.
On many occasions what we do, where we end up was not our decision that, because of cowardice or ignorance, would have taken such roads. Seneca was one more of the pieces molded by the hand of being adrift in the wind, his discovery of the well-chosen piece of reading towards a straight path doesn't correspond with what we know today of the complex neural path, and John Stuart Mille would vehemently deny this without a doubt inp his mind.







domingo, 13 de julio de 2014

Se venden pases para viajes mentales al Alentejo

10 de marzo de 2011 a la(s) 22:49

Se oye una voz en la sala de espera.( Siempre he soñado con el clima templado de Portugal y sus ancestrales carros de heno sustituídos ahora por veloces chup chup a pilas termosolares).

"Se venden pases para viajes mentales al Alentejo  ... Interesados tomen sus enseres y depositen sus cabezas en mi facebook, denle al abrelatas (no lo voy a hacer yo todo) y cuando oigan un clic sabrán que  la trasmisión de recuerdos habrá concluído.
Posodología:
Se aconseja un descanso en la sala del posinserción de diez minutos al menos, sin zarandear la cocorotera ni jugar con ella haciendo de balón. Miren que podrían desencajarse los módulos inmemoriales y mandarles a escoger lentejas en vez de disfrutar de unas vacaciones de sabanas alentejanas ...
                                                                                  lenteja en florlenteja en flor


De recuerdo les regalamos esta nutritiva flor de la familia.


(También tenemos viajes en caldo  para parejas con fines germinativos).Que tengan ustedes prósperas lentejitas aderezadas con lentejuelas, buenos días.

-Se venden pases mentales al Alentejo-

A Miguel Delibes


Conservador de lengua y paisajes, del llano calmo y la mirada aguzada,  de aquel que se apuesta sobre el rocío para otear el tránsito -con la mira- de las avutardas, las perdices, y el zigzageo de las liebres levantadas a voz de paso de la cama. Se trata de un aguilucho que merodea con sus alas abiertas -al compás de los vientos- el avance de la urbe industrial cincelada por el aullido de la cerámica, y pinta en la negrura proverbial de sus nieblas el esqueleto de los caciques con los que se cruza en el zaguán. Ese pico curvo rasca el papel del diario para empaparlo con la savia de sus pensamientos, alumbra con la pluma alicorta un extenso episodio social y geográfico que, afortunadamente, ha dejado testigos en la estratigrafía de nuestra idiosincrasia.

A... Miguel Delibes

jueves, 17 de enero de 2013

Hogueras




Se refrotó las manos acercándolas al fuego, el vaho se elevaba convirtiéndole en una figura fantásmagórica rodeándole la boca. El relente de un mayo especialmente crudo encogía sus huesos bajo la harapas. Manuela se acercó despacio, caminaba siempre sin pisar el suelo, ni las ramas solían quejarse de sus avances. En la distancia lo único visible eran esas dos luciérnagas revoloteando al unisono. Su mirada parloteaba tanto que -a menudo-, mientras ella permanecía sentada a la hoguera, el sonido del silencio parecía crepitar con el chisporroteo del fuego. Jacinto así solía escucharla.
A través de las llamas crecientes observó mudo esa sonrisa , y el vaivén de sus ojos saltando desde el fuego a la luna. 

-Compadre, cuéntenos algo -le despertó la esparteña voz de Ignacio-, posó la lata de aquel brevaje que solía utilizar como disculpa y carraspeó. 

Manuela se soltó el pañuelo para recolocar el cabello, los rizos se escurrieron por su espalda y alguno generoso se adelantó hasta su pecho. Jacinto no tenía ganas de hablar, el hermano de Manuela insistió, ella agarró su pañoleta y la ató bajo la mata agreste de pelo. Se le iba el pulso con cada movimiento de sus manos, se quedaba sin aire cuando ella pasaba por delante. 

-Compadre ..., -rajó la noche esa navaja de voz- , Jacinto se sobrepuso y recordó aquella historia en que bajando a Bejar a por los ganados de un tal señorito "Malquerio" les asaltaron unos bandoleros escondidos entre el follaje de la ruta.

Se levantó mientras recolocaba su fajín, tomó un brazado de retama y unas matas de romero,y colocó un tronco grueso de roble.

-Vamos allá -comenzó a hablar-.

Texto: Ana rico
Imagen: Picasso



martes, 10 de mayo de 2011

E l ú l t i m o ... s e g u n d o





Un compás mecánico rompe el silencio, se arrastra el segundero hasta alcanzar las doce, entonces un sonido agudo vibra en los tímpanos que incautos se petrifican. Todos los presentes se detienen en medio de gestos de lo más variopintos. Sólo él contínua hablando de éste y aquel, como si nada, sus ojos oscuros se pasean complacidos entre las ahora estatuas de cera. Aún se oye parte de una carcajada rasgando el telón del tiempo.

Yo sin saber por qué, puedo verlo, no soy parte de este trance sino observador de la escena hasta que él me mira diciéndome que sabe que yo sé que estoy despierto, que le oigo y le veo.

Se eriza cada pelo de mi cuerpo irguiéndose cual ola de marea hacia la nuca. A su voz, mis pies se aproximan hacia él como marioneta modulada por el timbre de suaves palabras, como si miles de hilos marcaran el ritmo de mis movimientos armónicos perfectos a través de los durmientes... Suenan golpes secos en perfecta monotonía, y si, son mis pasos, de los que he perdido la voluntad pasando de espectador a títere en un tañido de ojos.

Un chasquido más de la aguja del reloj y ... no quedará ningún testigo.



martes, 30 de noviembre de 2010

Elena



Se desnudó en el silencio de la habitación, las ropas cayeron en un vuelo liviano en el trayecto a la ducha, dejó la puerta abierta y desde la cama un zumbido de agua parecía chocarse contra la silueta.
Elena regresó  con las gotas resbalando ingenuas sobre la piel y el pelo enredado en la toalla.
-¡Ya estoy aquí!
De nuevo la puerta se abría y la joven se esfumaba para volver vestida y sudorosa, con el ceño de los días de agotamiento. La chaqueta caía sobre una silla, sin maneras, y la blusa se desabrochaba como un arrollador tranvía restándole emoción, los zapatos saltaron disparados para acabar en motín debajo de la cama.
Impávido observó y  movido por un impulso irrefrenable, consciente de que en ninguna de las ocasiones llegó a tocarla,   se levantó inquieto  de un salto, y cayó frente a frente mientras ella ya desprendida de la falda se encaminó al aseo,  al cruzarse con sus manos reapareció en la puerta de nuevo.
Y todo comenzó otra vez, confuso Luis no recordaba el final de la historia, los retazos  grises se apilaron como piezas de un rompecabezas en el armario; el podía tomar uno y encajarlo, ella regresaba incesantemente a aquel cuarto del hotel. Analizando la historia se dio cuenta de que no la conocía de antes, ni siquiera supo por qué la nombró como Elena,  admitió su preferencia por aquel nombre y el colapso en su cabeza disminuyó la presión, fluyeron poco a poco  más recuerdos ¡Por fin! Exultante se propuso salir de aquella habitación y avanzó en dos zancadas hasta la puerta.   Amagaba  el contacto con el pomo, asustado  patinó con una cera invisible. Cerró los ojos mientras inspiraba -se concentraba bien-,  y colocó la mano para asirlo con fuerza.
La puerta se abrió, Elena volvía a entrar. Luis no atravesó el dintel de aquel dormitorio, se hallaba sentado en la cama con el albornoz abierto a la altura de las piernas.

Sudoroso contempló  pasar de nuevo la escena …


La autora de la foto Melanie Rodríguez

Texto publicado por la Revista Barcarola en 2015

¡Qué bochorno!

Un día desaparecermos en una nube de vapor y descubriremos que vivomos sobre una pasta que nada en el té.